Participo desde hace algunas semanas en un curso de diseño de permacultura, conocido como PDC por sus siglas en inglés, impartido por Elyes Mkacher a través de la Design School for Regenerating Earth. La verdad es que me consideraba un usuario avanzado de la naturaleza, pero con todo lo que estoy descubriendo, me doy cuenta de que aún tengo muchísimo por aprender y avanzar.
En este curso, antes de adentrarnos en el diseño propiamente dicho, hacemos un recorrido por diferentes ámbitos fundamentales: el agua, el suelo, el clima, entre otros. Ahora estamos trabajando con las plantas, y en este punto han surgido conceptos fascinantes como los bosques de alimentos y uno que conocía de forma muy superficial pero que me ha cautivado completamente: las guildas.

Las guildas hacen referencia a la asociación de plantas, animales y otros elementos que interactúan de manera sinérgica dentro de un diseño sostenible. Es un término que en castellano no tiene un equivalente exacto, ya que proviene del inglés guild y podría entenderse como un “gremio” de la naturaleza.
La idea principal es aportar todos los recursos que necesita un árbol frutal mediante la creación de un ecosistema equilibrado a su alrededor. En este sistema, se plantan:
- Fijadoras de nitrógeno: plantas que enriquecen el suelo con este nutriente esencial.
- Atractoras de polinizadores: flores que invitan a abejas y otros polinizadores clave.
- Repelentes de plagas: plantas que mantienen alejados a insectos dañinos.
- Cubiertas de suelo: vegetación que protege el suelo, retiene la humedad y evita la erosión.
- Acumuladoras dinámicas: especies que extraen nutrientes de las capas más profundas del suelo y los hacen disponibles para el resto.
- Plantas trampa: colocadas estratégicamente lejos del árbol, atraen plagas para proteger al frutal.
Al combinar estos elementos, se crea un conjunto de relaciones simbióticas que hacen prosperar al ecosistema en su conjunto y, en especial, al árbol frutal, que es la razón principal para construir este entorno. El objetivo final es obtener fruta suficiente, nutritiva y sabrosa dentro de un equilibrio natural.
¿Y en tu proyecto vital?
¿Cuál es la “fruta” que quieres conseguir? Una vez más, la naturaleza nos ofrece las claves para llegar a buen puerto. Reflexiona: en el conjunto de elementos que conforman tu realidad, tu guilda social, ¿están presentes todos los elementos y relaciones necesarias para alcanzar el equilibrio? Lo primero es identificar cuáles son estos elementos, evaluar si están presentes y, si no es así, buscarlos activamente. Con este proceso configuramos el suelo sobre el que vamos a crecer.
La red de relaciones es la base, y para que sea sostenible, debe ser diversa y equilibrada. Si partimos de la guía que nos da la naturaleza podríamos asumir que un proyecto transformador precisa de:
- Fijadores de propósito: Personas que aportan claridad y enfoque. Son quienes recuerdan constantemente el “por qué” y el “para qué” de tu proyecto.
- Atractores de polinizadores: Tejedores de redes que fomentan relaciones estratégicas, atraen aliados y facilitan la polinización cruzada de ideas, conocimientos y habilidades. Este flujo enriquece a todos los involucrados.
- Guardianes de límites: Encargados de proteger el proyecto de interferencias negativas, conflictos internos o amenazas externas. Actúan como mediadores y evaluadores de impacto.
- Comunidad base: La capa protectora y nutritiva del proyecto, formada por una red de personas comprometidas que le dan estabilidad y sostén.
- Energía transformadora: Agentes de cambio que canalizan esfuerzos, aportan soluciones y generan movimiento hacia adelante.
- Plantas trampa: Proyectos o actividades que desvían la atención de obstáculos externos, como el statu quo o intereses contrarios, permitiendo que el núcleo principal prospere sin interferencias.
Un proyecto transformador debe incluir una diversidad de perfiles que permita cubrir todos los roles necesarios. Soñadores, comunicadores, ejecutores, etc. Una vez más, la naturaleza nos muestra la importancia de la diversidad para crear un sistema equilibrado y próspero. La guilda puede ser una herramienta de análisis para ver cómo las relaciones existentes dentro del proyecto (o entre varios proyectos) ya se comportan como un ecosistema, identificando qué falta o qué sobra.